Efecto solunar

Septiembre 2014. Jesús Cruz. Este tema de las tablas solunares es como muchas otras cosas para el que quiera creer. Yo sinceramente nunca le he dado valor al factor de la influencia de la luna en la pesca de la carpa y jamás he visto una tabla solunar antes de una sesión. Para mi es mas importante cosas como por ejemplo el aire, la temperatura, la profundidad, elegir bien el puesto y utilizar los mejores cebos que pueda encontrar.

Si que soy consciente que habrá coincidencias de sesiones inolvidables con procesos de luna óptimos pero también al contrario. Quizás la diferente iluminación sique tenga algo que influir en la pesca y en nuestros cebos. Lo principal es durante las horas de luz trabajarnos el puesto al máximo, utilizando cebos que produzcan columnas de atracción con color y partículas que nos hagan llegar la mayor cantidad de peces, con ayuda de un spod o en mi caso, con la barca.

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La utilización de cebos con sobredosis de sabor, olor y color es una opción diez para la pesca nocturna, como es el caso de las chufas de sabores.

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Algo infalible es un pop up potente con color flúor sobre un manto de cañamón. Para mí el arma definitiva, el ns1.

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En definitiva, pienso que no hay que dejar nuestras sesiones en manos de nada externo ni hipótesis, la regla básica es que el trabajo duro será recompensado, si te trabajas el puesto, lo conoces palmo a palmo y lo atacas como debes, tendrás éxito con la peor luna. Aun así he querido recordar las investigaciones de nuestro amigo Ángel Martínez Rodas para despejar dudas sobre este tema y continuar con nuestro pequeño homenaje a su aportación en la pesca de ciprínidos.

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Considero que una buena sonda es la mejor tabla solunar. En 1926 John Alden Knight, un pescador de Florida que hizo importantes aportaciones a la pesca y acuicultura de la trucha, se embarcó en la tarea de encontrar un método fiable para predecir los momentos en que los peces estarían más activos. Diez años más tarde, publicó el libro “La luna encima, la luna debajo” en el que describe la Teoría Solunar, base de las conocidas Tablas Solunares. Expresada en pocas palabras la Teoría Solunar sostiene que los peces están más activos cuando la luna se sitúa justo encima de nuestra cabeza o directamente bajo nuestros pies. Knitgh llamó periodos solunares mayores a esos dos momentos que, en general, tienen una duración de dos horas y, en condiciones favorables, pueden sobrepasar las tres. Entre ambos, estableció otros dos de menor duración (de 55 a 90 minutos) que coinciden con la salida y el ocaso de la luna y los denominó periodos solunares menores.

Según Knigth, la influencia de los periodos solunares no tienen siempre la misma intensidad. Por eso, en sus tablas, los días se califican como excelentes, buenos, malos o regulares para la pesca. El fundamento de esa clasificación está en las variaciones de la posición del sol y de la luna con respecto a la tierra. Los días de luna llena y luna nueva son los mejores de cada mes, debido a que en esos días la luna y el sol se encuentran alineados con respecto a la tierra. Por otra parte, si un período solunar coincide con la salida o la puesta del sol, la actividad de los peces será mayor y, cuando se reúnen todas estas condiciones, tendrán una respuesta excepcional. Según la Teoría Solunar los efectos de los periodos solunares no tienen siempre la misma magnitud. Son más intensos cuando sol, la luna y la tierra se encuentran perfectamente alineados.

John A. Knight y otros defensores de la Teoría Solunar han realizado estudios estadísticos que parecen indicar que el volumen y el tamaño de las capturas son considerablemente mayores en los días y horas que señalan las tablas solunares. Sin embargo, en algunos casos, la interpretación de los datos se hace de manera que conduce a conclusiones interesadas y erróneas. Por ejemplo, de acuerdo con uno de esos estudios, la mitad de los peces con un tamaño record habían sido capturados en los tres días previos y posteriores a la luna llena o a la luna nueva. A primera vista puede parecer un dato significativo, pero en realidad es engañoso. Sumados, eso días suponen el 46% de los 365 que tiene el año, un porcentaje que sólo nos lleva a una conclusión que no necesita ser investigada: la mitad de los tamaños record se capturan en la mitad de los días del año.

Es cierto que en otros estudios las cifras relativas a las capturas son mucho mayores que las señaladas en éste, pero también existen datos que no muestran ninguna coincidencia con las predicciones de la teoría solunar y algunos que reflejan justo lo contario. En cualquier caso, la mayoría de las estadísticas que se utilizan para defender o rechazar la teoría solunar carecen del rigor metodológico necesario para extraer conclusiones fiables.

En apoyo de la teoría solunar también se citan algunos trabajos científicos. Unos particularmente curiosos fue el que llevó a cabo Frank A. Brown, un biólogo y profesor de la Universidad del Noroeste de EU. Brown se llevó a su laboratorio de Chicago algunas otras vivas que recogió en la costa. Las colocó en un recipiente de agua que guardó bajo techo. Se sabe que las ostras abren sus conchas cada vez que sube la marea y Brown quería comprobar si esto se debía a los cambios en el nivel del agua o a la influencia de la luna por sí misma.

La primera semana, las otras seguían abriendo las conchas a la misma hora que se producían las mareas en Connecticut. Pero en la segunda, las abrían cada vez que la luna se situaba encima o debajo de Chicago. Aunque estos resultados sugieren que las ostras abren y cierran sus conchas bajo la influencia de las fuerzas gravitatorias de la luna, son insuficientes para concluir que el comportamiento alimentario de peces sigue una pauta temporal determinada por su fase o por su posición en el cielo.

Parece razonable pensar que los peces que viven en el mar, en los estuarios y en la desembocadura de los ríos, estén más influidos por la luna. Pero sólo de forma indirecta: las mareas son el resultado de la fuerza gravitatoria de la luna y los peces responden al movimiento de aguas que originan las mareas. Ningún ejemplo podría ilustrarlo mejor que un fenómeno que se repite cada año en el Paso de Boca Grande, un lugar de la costa de Florida legendario entre los pescadores del tarpón. En ese lugar abunda un tipo de cangrejo (Calico Crab) que sólo se aleja de la línea costera para desovar entre Mayo y Junio. La luna llena y la luna nueva de esos meses, provocan unas mareas especialmente poderosas que arrastran millones de cangrejos hacia el agua. Aprovechando las circunstancias, numerosos tarpones, más de diez mil, los cuales se aglomeran en una extensión como tres campos de futbol en una zona llamada el cerro. Es tal la voracidad con los cangrejos que no es raro que estén varios pescadores a la vez luchando con un buen tarpón. Este fenómeno coincide con las previsiones de las tablas solunares.

¿Significa esto que puede explicarse por la influencia directa de la luna? Parece obvio que no es así: la luna de esas fechas determina el tamaño de las mareas, los cangrejos son arrastrados por la marea y los tarpones acuden porque están ahí los cangrejos.

La influencia de la luna sobre los peces también se ha intentado explicar por las diferencias en la iluminación que produce según la fase en que se encuentra. Muchos pescadores creen que, en los días de la luna llena, los ciprínidos aprovechan la visibilidad para alimentarse de noche y dejan de hacerlo durante las horas de luz. Pero ese razonamiento, además de ser ingenuo y demasiado simple, lo desmienten las evidencias.

Los pescadores profesionales que se dedican a la pesca de la anguila en su migración hacia el mar, han comprobado reiteradamente que las noches de la luna nueva son mucho más productivas. Pero probablemente esto sólo indica que las anguilas eligen esas noches porque la oscuridad les hace sentirse más seguras frente a los posibles depredadores.

En el mismo sentido apuntan los datos procedentes de la pesca profesional del pez espada con palangre (cuerdas). Los pescadores brasileños, que utilizan barritas luminosas (starlites) en conjunción con el cebo, obtienen capturas más abundantes en las fases de luna nueva y cuarto creciente. Los cubanos, que en lugar de utilizar starlites, modifican la profundidad a la que sitúan el palangre de acuerdo con la intensidad de luz de la luna (mas profundo en luna llena), no han observado diferencias asociadas a las fases solunares. Estos datos, que han sido confirmados en un estudio científico, indican que la luna puede influir directamente en el rendimiento de la pesca a través de la visibilidad del cebo. No obstante, aunque eso sea cierto en el caso de los depredadores con hábitos alimentarios nocturnos bien definidos, como el pez espada, no puede extenderse , sin más, a los ciprínidos.

La teoría solunar despierta entre los pescadores reacciones y actitudes muy diversas. Unos creen firmemente en ella y en sus pronósticos, otros se declaran francos detractores. Personalmente la considero como el refranero, algo curioso pero sin utilidad práctica. Aunque haya concordancias entre algunos datos y las previsiones de las tablas solunares, a falta de estudios más concluyentes, no pueden darse por confirmadas ni la validez de dichas previsiones, ni la existencia de una relación directa entre la luna y la actividad de los peces, como defiende la teoría que le sirve de base. La gran diversidad de circunstancias que pueden darse en un escenario de pesca –ubicación, tipo de aguas, especies presentes, densidades relativas de cada una de ellas, cantidades de planton, condiciones meteorológicas, etc. Hace que los períodos solunares, si realmente afectan al comportamiento de los peces, queden enmascarados por las características específicas de cada lugar. La realidad es que los peces viven en unos ambientes donde el alimento no está asegurado y existe mucha competencia; por lo tanteo , se alimentarán siempre que tengan ocasión de hacerlo y las condiciones ( sobre todo oxígeno y temperatura ) se lo permitan, esté en la posición que esté.

Conclusiones

Para saber dónde estarán nuestros peces y cuándo se mostrarán más dispuestos a colaborar con nosotros, no necesitamos recurrir a la astronomía. Debemos conocer su comportamiento y comprender las reglas que lo gobiernan. La más básica de esas reglas es que todo el comportamiento – el de los ciprínidos, el de otros animales y el nuestro- persigue un mismo objetivo: satisfacer necesidades. Cuando un pez experimente una determinada necesidad, emprenderá una acción que le ayude a conseguir aquello que pueda satisfacerla. Si tiene hambre, tratará de encontrar comida; si siente frío, buscará una zona de abrigo; si nota un peligro, se protegerá huyendo o refugiándose.

Los ciprínidos tienen necesidades muy sencillas. Todo lo que tienen que hacer es respirar, mantener su temperatura entre ciertos límites, comer, defenderse de los peligros y reproducirse. De modo que, en sus rutinas diarias, se limitarán a frecuentar, pasar por alto o evitar ciertas zonas, dependiendo de los recursos que ofrecen para satisfacer esas necesidades. Es decir, de sus concentraciones de oxigeno, temperatura, escasez o abundancia de alimento, presencia de depredadores, posibilidades de refugiarse o escapar de ellos y facilidades para la reproducción. Los lugares y los momentos en que se darán las mejores de esas condiciones están esencialmente determinados por las características del escenario y por la meteorología.

Las características del escenario, que a su vez dependen en parte de las condiciones meteorológicas, tiene lo siguientes efectos: 1) contribuyen a la oxigenación, temperatura y claridad del agua, 2) influyen en la localización y composición de los recursos alimentarios, y 3) determinan los apostaderos de los depredadores, las zonas más seguras y los lugares más propicios para el desove.

Merecen destacarse, por las ventajas que reúnen para los ciprínidos, las zonas con algas y plantas: proporcionan protección, abundan en ellas las larvas de insectos y pequeños crustáceos, están bien oxigenadas por la fotosíntesis y son muy propicias para la reproducción. Por razones similares son también destacables los obstáculos como rocas o árboles sumergidos y las irregularidades del fondo. (Escalones, plataforma, pequeñas hondonadas,…). La orientación de la orilla con respecto al sol y los vientos dominantes determinan en gran medida la temperatura y las concentraciones de comida. A las circunstancias meteorológicas ya me he referido en varias ocasiones y, para no repetirme no lo haré aquí.

Una lectura atenta de lo ya expuesto habrá dejado claro cuáles son sus efectos en nuestros peces y que dichos efectos están mediados por las modificaciones que provocan en el escenario de pesca (oxigenación, temperatura, etc.. También habrá quedado claro que, para valorar adecuadamente su influencia y aprovecharla con fines prácticos, es necesario considerar, no sólo las circunstancias que afectan a la jornada de pesca, sino también la de los días previos.

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