Otoño mágico

Enero 2008. David Molina. Otoño y primavera son las estaciones del año por excelencia para tentar a las grandes carpas que pueblan nuestras aguas. La necesidad de alimentarse permite a los ciprínidos alcanzar pesos relevantes y por ello, el nerviosismo en cada sesión se palpa entre los pescadores. Dónde localizar a las grandes carpas y como atraerlas a nuestra zona de acción es responsabilidad nuestra. Por este motivo, os contaré cómo preparé mi último otoño. Fue mágico.

portada

 

Necesidades por naturaleza

En primavera, cuando el clima empieza a ser suave y el agua de los embalses empieza a coger cierta temperatura, las carpas se preparan para la freza buscando nutrientes en las reculas. Las entradas de riachuelos son fuente principal de alimento y ver la aglutinación de carpas entorno a ellas es algo realmente emocionante. En otoño, la llega del frío activa la necesidad del ciprínido de tomar reservas para el invierno. La búsqueda de nutrientes, sobre todo proteínicos, se hace más que necesaria. La actividad es desbordante. En ambos casos, el pescador es consciente de ello y actúa en consonancia.

Los preparativos

La aventura data a primeros de Octubre, exactamente del Puente del Pilar. Cuatro amigos decidimos realizar una sesión de carpfishing en un embalse cercano donde teníamos constancia de la existencia de carpas de gran tamaño. El fin de semana anterior al elegido para la sesión, lo destinamos a localizar y preparar un puesto de pesca para más tarde poder disfrutar durante cuatro dias consecutivos de intenso carpfishing.

El sábado a primera hora de la mañana nos dirigimos al embalse. En un principio, teniamos pensado pescar en una zona donde mi amigo Jesús Díaz habia estado pescando con anterioridad con buenos resultados. Nos desplazamos hacia ella. Por esa época, las lluvias eran intensas y muy abundantes por lo que el embalse estaba subiendo de nivel considerablemente. Llegamos y nuestro asombro fue que, al llegar a la zona mencionada, el único camino de acceso había desaparecido bajo el agua del embalse. Ante esa situacion, decidimos buscar otra zona donde pasar unos dias de pesca. Caminando un largo trecho por la orilla nos encontramos una zona prácticamente inaccesible convertida en un auténtico hervidero de carpas. Una imagen soñada.

No lo pensamos ni un momento. Nos desplazamos hacia los vehiculos en busca de nuestros equipos y decidimos ponernos a pescar. La actividad desbordante de peces nos sugirió realizar un cebadero copioso: bolas y bolas de mix (engodo y semillas) fueron nuestros argumentos.

Fue de esperar que de un momento a otro sonara una de nuestras alarmas. El puesto era un auténtico hervidero de peces. De repente, una de mis alarmas empezó a bailar. Me acerqué al tripode y el péndulo de una de mis cañas había descendido suavemente. Fijé mi mirada en el péndulo cuando, un breve oscilamiento del mismo no me hizo dudar. Estaba ahí. Tiré de la caña y clavé el pez. Después de un rato de lucha ensalabré en la sacadera una preciosa carpa comun de 8 kg de peso. Vaya comienzo.

Después de la captura, nos entró el apetito y empezamos a picar algo. El día lo pedía. Al rato de empezar a comer llegó un pescador de la zona conocido por Jesús. Al vernos allí pescando nos comentó que en ese puesto pescaban unos señores andaluces desde hacía tiempo. De nuevo, a buscar puesto ya que debíamos respetar ese pesquil que habían preparado estas personas. Pero… aún nos quedó otra sorpresa, pues una de las alarmas de Jesus comenzó a sonar. Después de pelear con el pez conseguimos fotografiar una preciosa carpa royal de 15.5 Kg.

Sabíamos que debíamos respetar el puesto, por eso decidimos desplazarnos a unos 500m. de distancia cerca de un bosque sumergido donde la actividad de las carpas aumentaba. Allí encontramos cuatro pesquiles limpios de obstáculos donde podríamos montar nuestros equipos. Preparamos el puesto con un buen cebado de semillas: maíz, habines, chufas, trigo y cañamon así como boilies de muy buena calidad, exactamente, Scopex de Dinamite Baits y Bannana de Solar Tackle. En total, unos 20Kg. de cebado bien distribuido a lo ancho de los cuatro pesquiles y a diferentes distancias. Decidimos que el puesto ya estaba preparado para pescar unos días mas tarde.

El día "D"

Una vez en el pesquil, nos dispusimos a preparar los puestos. Jesús Diaz pescó en el puesto extremo derecho de la zona elegida. El pesquil estaba bastante limpio a excepción de un par de arboles sumergidos que aparentemente no nos darian problemas ya que se encontraban a unos 150m de distancia. La idea fue la de pescar de frente a los arboles sumergidos, a unos 100m de la orilla. En esa zona, la profundidad era de 11m. Recebamos el puesto con 4 kilos de engodo mezclados con 1Kg. de Boilies de Scopex de Dinamyte Baits y otro kilo de Bannana de Solar Tackle, todos troceados y mezclados con su Dip correspondiente para potenciar el olor y la correspondiente atracción. Jesús eligió para sus tres cañas un boilie de bannana flotante, un boilie de scopex y un snowman de bannana. Las cañas ya estaban listas, sólo faltaba esperar a oir una de las alarmas.

Yo seguí una estrategia totalmente diferente. Preparé el puesto colindante a la izquierda con Jesús, cerca de un bosque sumergido donde previamente habíamos sondeado para comprobar el tipo de fondo y que estubiera libre de obstaculos. Al contrario que Jesús me propuse a probar suerte a menor distancia y profundidad. Para ello, preparé dos zonas, la primera a 80m de distancia y 8m de profundidad y la segunda a 50m de distancia y 4m de profundidad. Yo opté por no echar boilies. Mi cebado fue practicamente de engodo y semillas.

En la zona de mayor distancia lancé una sola caña con un snowman de chufas, y en las dos cañas más cercanas dispuse maiz en remojo de scopex y vainilla. Antonio y Jesús Jr., ocuparon los pesquiles de la izquierda. La estrategia de ambos fue muy similar a la de Jesús pero no emplearon tanto tiempo en recebar la zona pues querían aprovechar las zonas periféricas del cebadero.

Acción ininterrumpida

No llevábamos ni dos horas pescando cuando de repente una de las cañas de Jesus se arrancó a toda velocidad. Clavó la picada y por la resistencia que empezó a ejercer supimos que al otro extremo de la linea habia una enorme carpa. Después de varias idas y venidas pudo acercar al pez a la orilla. Por fin la vimos. Con la ayuda de unas botas me introduje en el agua para ensalabrar el pez. Cuando por fin lo conseguí me quedé impresionado con las dimensiones de la captura. Jesús aun no se lo creia. Tomamos la báscula y despues de comprobarlo varias veces la misma se detuvo en 22.4Kg. Una preciosa común y récord personal de Jesús. No salimos del asombro pues la cosa se ponia interesante ya que en la primera picada habíamos conseguido un ejemplar de mas de 20 kg.

La picada se produjo sobre las 14:00 horas. A parti de este momento se levantó un fuerte viento de cara. Empecé a sentir buenas vibraciones. Fue en espejismo pues a la hora siguiente el aire empezó a cesar hasta tal punto que el embalse quedó como un plato. Se observaba bastante actividad de carpas en la superficie pero no mostraban actitud por comer. Decidimos entonces volver a cebar los puestos para obligar a la carpa a descender en busca de alimento.

Empezó a caer la noche y con ella una ligera brisa. En ese preciso momento donde todo el mundo sueña con la picada, se arrancó una de mis alarmas. Fue mi turno. Empecé la lucha con un gran pez pero la cosa se complicó. La carpa, en su afán por escapar, se dirigió hacia las encinas hasta el punto que llegó a conseguirlo. No fui capaz de pararla. En ese momento sentí una gran impotencia porque iba a perder un buen ejemplar pero, de repente, la linea se empezó a dirigir en direcion contraria a la encina. La carpa había salido del obstaculo y de nuevo continuó la lucha. Finalmente conseguí hacerme con el ciprinído. Una preciosa común de 15,900kg, un buen ejemplar para rematar el primer dia de pesca.

Segundo día

A la mañana siguiente, con los primeros rayos del sol, observamos bastante actividad de peces de buen tamaño en el cebadero pero las picadas se hicieron esperar un par de horas. Sobre las 10:00 horas se prudujo la primera picada en una de mis cañas, y no fue la ultima porque a raiz de esa otra de las alarmas de Jesús comenzó a cantar. Las carpas empezaron a comer, y tuvimos un par de horas que no dimos a basto como se suele decir. Después de intensas batallas tuvimos tiempo para relajarnos un poco. Habíamos clavado 10 peces de los cuales 2 perdimos en los obstaculos. Ocho magnificos ejemplares con los siguientes pesos: 10.7, 12.3, 13,5, 15, 15.5, 17.8, 18.1 y 18.9 Kg. contribuyeron en uno de los mejores días de carpfishing vivido por mi y mis amigos. El resto del día la actividad fue nula. Las carpas desaparecieron de la zona. Con las últimas horas de luz del dia decidimos volver a cebar los puestos. Con la ayuda de la barca me introduje en el agua para echar unos boilies y semillas para activar los pesquiles.

Tercer día

A pesar de las capturas, aún tenía una espina clavada. Quería superar la cifra de los 20 Kg., y como se suele decir, el que la sigue la consigue. En la mañana del tercer dia, no observamos actividad alguna de peces. Seguían sin dar señales cuando de repente una de las alarmas empezó a sonar sin parar. La lucha fue intensa. Sabía que se trataba de un buen ejemplar por su gran resistencia y la dificultad que tenia para acercarla a la orilla. Finalmente pude acercarla a la orilla y acto seguido Jesús la introdujo en la sacadera. Me miraba con una gran sonrisa diciéndome “Aquí tienes la de 20”. Una carpa comun de preciosa librea me esperaba. Cogimos el peso para salir de dudas y procedimos al pesaje. Finalmente, la bascula dio un peso de 20.2 Kg. Muy justo pero habia superado mi objetivo. Estaba feliz. Esperamos durante el día la llegada de un buen amigo nuestro: Enrique Méndez, que iba a pasar el último dia pescando con nosotros. No habia tenido mucha suerte en este embalse con anterioridad ya que habia estado varias veces sin resultados positivos, pero bueno, llegaba con ilusión después de escuchar nuestras capturas.

Sobre las 14:00 horas llegó nuestro compañero Kike. Como si de una plegaria fuera, las alarmas de nuestro compañero no tardaron mucho en hacerse oir. Una común de 11.5 Kg. se convirtió en su primera captura en este embalse. El resto del dia trancurrió sin ninguna sorpresa más. A última hora de la tarde, como cada dia, recebamos los puestos.

La aventura llega a su fin

Nuestras horas se agotaban en el embalse, la actividad habia ido de más a menos conforme pasaban los días pero como se suele decir, la liebre salta cuando uno menos se lo espera, y asi fue. Nos pusimos a recoger todas las cosas dejando las cañas para el final cuando de repente comenzó a salir hilo de una de las cañas. Rápidamente clavo el pez y la caña comienza a curvarse sin tregua. Sabía que se trataba de otra buena carpa. Trabajándola como todas las demás, al final consegui hacerme con el pez, y tal y como suponía se trataba de una buena carpa pero aun no sabia cuanto. Una vez depositada la captura en la moketa de recepcion pudimos contemplar un gran ejemplar de carpa royal que superaba sin duda los 20 kg de peso. Procedimos a pesarla y báscula en mano se paró en 21.800 Kg. Casi 22 Kg. fue el peso de la última captura que fue devuelta al agua al igual que todas y cada una de las capturas mostradas en el artículo. La jornada podría haberse definido de muchísimas maneras: única, inolvidable, irrepetible etc., pero yo simplemente prefiero recordarla como…MÁGICA.


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