Barbfishing en la Mancha

Abril 2008. Victor -Viz-. Un grupo de amigos ambicionan encontrar los grandes barbos que esconde la maravillosa tierra denominada, "La Mancha". El día ansiado por todos había llegado, el tiempo era favorable, la fecha idónea... ¿conseguirían hallarlos?. Eran principios de noviembre y nos disponíamos a afrontar varios días de pesca al más puro estilo "Carpfishing" pero con otra especie en el horizonte y con un sólo objetivo de disfrutar a lo grande de la pesca y los buenos momentos entre amigos.

barbfishing

Semanas antes del día "B" nos pusimos todos en contacto para ir planificando todos los aspectos de la sesión. Internet era nuestra mejor baza para poder estar todos en comunicación simultánea y poder así concretar todo lo referente al asalto. Eran días que llegabas al trabajo y parecías ausente. Se te pasaban las horas dilucidando cual sería la mejor estrategia a seguir así como todo el material y cebo que habría que llevar para afrontar la jornada con garantías. Era importante que no nos faltara de nada, ya que como bien dice el dicho, "mejor que sobre que no que falte".

Preparando el puesto

Una semana antes del día "B", Blas y David se desplazaron al embalse a reconocer la zona de pesca. Estuvieron decidiendo in situ los mejores puestos y al final encontraron el que a la postre sería el escenario final. El escenario presentaba unas características peculiares. La orilla en pendiente proporcionaba una profundidad óptima a escasos metros pero complicaba nuestra convivencia y descanso. Por este motivo, decidieron sondear la zona para, en el caso de convertirse en un "hot pot", punto caliente de actividad, sacrificar en medida nuestra comodidad por una jornada para el recuerdo.

Efectivamente, la zona presumía ser un volcán de actividad. A escasos 30metros, la profundidad era de 5metros para, a continuación, ascender en forma de duna a 3.5 metros durante otros 20metros más. A partir de los 50 metros de distancia, descendía progresivamente hasta llegar a una playa de 20-30m con 7.5metros de profundidad. Esa distancia y profundidad, aproximadamente a 80metros de la orilla, reunía las condiciones que buscábamos. ¿Por qué? A 100 metros de la orilla estaba ubicado el mismo cauce del río donde el pez, por instinto, sabíamos que recorrería. Por otro lado, esa "duna mágica" era un microclima natural para los peces, que refugiados y protegidos, intuíamos que comerían con más confianza. Si a esto le añadimos que el suelo era rico en sedimentos y la zona libre de obstáculos, no había más que hablar. La decisión estaba tomada.

Buscaron el mayor foco de atracción posible así que el cebado que se realizó fue el siguiente: 50 kg de cañamón cocido, 25 kg de maíz cocido, 25 kg de habines y 25 kg de micropellets y boilies de componentes dulces y salados. Varias botellas de sangre de lombriz y aceite de halibut se vertieron sobre los cebos. Realizado el cebado a primera hora del día, decidieron pasar el mismo junto a sus novias Teresa y Tomasi. Por supuesto, no perdieron la oportunidad de, entre pincho y cerveza, lanzar las cañas y presagiar lo que días después podría ocurrir. El cebado matinal debió invocar una alarma dentro del agua para que al final de la jornada, David y Blas se llevaran de vuelta la mayor de las sonrisas. 5 barbos de entre 5 y 7kg sirvieron para acoger la jornada decisiva con el mayor entusiasmo posible.

Comienza la aventura

Por fin llegaba el día "B". Juan, Gonzalo, Soraya (novia de Gonzalo) y yo, partimos hacia la localidad de Blas, con el que habíamos quedado previamente. Llegamos sobre las 6:00 de la mañana y el termómetro marcaba 0ºC, asi que decidimos entrar en una cafeteria a desayunar y de paso quitarnos un poco ese frio que llevábamos encima. Pasado el mal trago matutino, nos fuimos hacia la casa de Blas para poder cargar en su furgoneta todo el material del grupo. Desde allí nos dirigiríamos hacia el puesto de pesca.

Llegamos a eso de las 9:00 a una explanada donde dejamos la furgoneta y empezamos a cargar todo el material en las barcas de Blas, ya que al sitio que nos disponíamos ir se encontraba a 1,5 Km. de distancia y como suponéis no podíamos cargar a cuesta todo el material. Gonzalo, Juan y yo decidimos ir a pie, mientras que Tomasi, Soraya y Blas (como capitán), harían el trayecto en barca. Esto nos vino muy bien a los "caminantes", ya que pudimos admirar el maravilloso entorno que nos rodeaba y que tanto añoramos en las grandes urbes. Tras esperar media hora, las naves llegaron a buen puerto y empezamos a desembarcar todo el material. Nos distribuimos los puestos por parejas, Blas con Juan y Gonzalo conmigo. Este reparto era simplemente para poder dar un pequeño toque sano de competitividad a las jornadas venideras, tras lo cual nos dispusimos a montar cada uno su equipo. Sobre las 11:30 del mediodía estaban todos los bajos de línea dentro del agua esperando la picada.

No tardaron mucho en dar la cara nuestros amigos y sobre las 12:30 Piiiiiiiiiiiiiiiiiii, una carrera sin precedentes se producía en una de las cañas de Gonzalo, el cual clavó perfectamente. Tras una intensa lucha, el ejemplar fue cobrado con ayuda de la sacadera dando un peso en la báscula de casi 7kg. Esta temprana picada nos sorprendió un poco, ya que es raro que el barbo de este lugar aparezca a media mañana. Este hecho nos hacía presagiar una buena jornada. De repente empezamos a notar que algo rico se cocía en el aire: eran Blas y Tomasi preparando la comida. Nos acercamos a su puesto y estaban haciendo carne a la plancha para todos. Había que recuperar fuerzas como fuera. Tras la comida decidimos echarnos en las hamacas a descansar, ya que notábamos el cansancio del viaje.

En medio de mi siesta abro los ojos y me encuentro a Blas y Gonzalo en medio del embalse recebando toda la zona a base de cañamón, pellets de hàlibut y de maíz. ¡Qué energía la de estos chicos! A su regreso, decidimos cambiar los cebos, horas antes de que se nos hiciera de noche y así aprovechar hasta el último rayo de sol con ellos dentro, tras lo cual los sacaríamos para darles un descanso y poder volver a echarlos una hora antes del amanecer.

Los cebos elegidos fueron principalmente pellets de hàlibut y pellet de sangre de lombriz artesanal. Es un pellet que al contrario de lo que le sucede al pellet de hàlibut, aguanta en el hair hasta 24 horas seguidas sin perder ninguna de sus cualidades. Yo puse en una caña un pellet de MouseBaits y en la otra un pellet de sangre de lombriz, hechos por mí y tengo que decir, que mejor resultado imposible. Alguno se preguntará a que viene el dar el nombre de MouseBaits a un boilie. Lo explicaré más adelante.

¡¡¡Blas, Blas, la caña!!! Blas salió a trompicones de su refugio y con buena templanza clavó. Tras una corta pero intensa lucha se hizo con un barbo de 6,8 kg. Sin apenas darle tiempo a preparar la caña para un nuevo lance le empezó a sonar la alarma de la segunda caña, ¡Voy, voy! Dijo Blas todo contento, no se lo creía, tras su clavada logro sacar otro bonito barbo que dio un peso de 6kg. ¿Qué pasa? ¡Qué los vas a sacar tú todos, deja algo para los demás, abusón! Se lo dijimos a Blas entre risas.

Eran las 6 de la tarde y empezamos a preparar un pequeño tentempié mientras nos reíamos de la anécdota del doblete. Nos encontrábamos en el puesto de Blas que, para situarnos, se encontraba a la derecha de todos. El siguiente puesto a la izquierda era el de su compañero Juan (Sampras), luego vendría Gonzalo y por último me encontraba yo. La separación de puestos era de 30metros.

Nos encontrábamos charlando tranquilamente cuando de repente una alarma empieza a sonar dentro del grupo. ¡Era mi receptor! No me dio tiempo a reaccionar y salí escopetado. Casi cuando tenia la caña al alcance de la mano, la alarma dejo de sonar. No me lo podía creer, quedé casi exhausto después del slalom que había realizado. Noté la línea floja y decidí dar unos giros a la bobina. Fui tensando poco a poco y justo cuando iba a soltar, la bobina empezó a girar como loca y sin pensármelo clavé. O el barbo estaba clavado de antes y se estaba tomando un respiro o era otro que no se pudo resistir a la golosina que tenía delante de sus bigotes. El hecho es que tras un par de carreras saqué un bello barbo de 7kg. Estaba eufórico ya que había conseguido mi primer pez en este emblemático lugar.

Empezaba a escasear la luz y el frío hacia su presencia por la llegada de la noche. Antes de que recogiéramos las cañas, respetando la vigente ley de pesca, otra de mis cañas empieza a bailar, más concretamente la que momentos antes había lanzado. Tras la última captura, noté que la manera de tirar era totalmente distinta, ¡Esto creo que no es un barbo! grité. La verdad es que la lucha fue una de las mejores que tuve durante esta inolvidable sesión. Tras unas continuas idas y venidas del ciprínido, conseguí llevar a la moqueta una preciosa carpa común que dio un peso de 9,2kg. Antes de recoger las cañas, tuvimos tiempo de sacar 2 barbos más, uno 6,2kg y otro más pequeño que devolvimos al instante al agua.

Haciendo balance de esta primera jornada el equipo formado por Gonzalo y Víctor les había mojado la oreja al de Blas y Juan. Esto era una mera anécdota, ya que lo que importaba realmente era el pasarlo lo mejor posible haciendo algo que nos encanta, Carpfishing. Llego la noche, trayendo paz y tranquilidad a la zona de pesca, sólo rota por los saltos enérgicos que nos brindaban nuestr@s amig@s.

Segundo día

Nos despiertan las primeras luces del día y nuestra sorpresa es que apenas podemos llegar a ver a más de 10 metros. Nos rodeaba una densa niebla que poco a poco se fue disipando, dejándonos ver con más claridad hacia donde deberíamos dirigir nuestros lanzamientos. Más o menos intentamos lanzar las cañas al mismo tiempo, más que nada, para lograr hacer el menor ruido posible en un tiempo más corto. Una vez que teníamos todas las cañas lanzadas, nos dispusimos a tomar algo calentito, ya que entre la temperatura rondando el 1ºC y la humedad palpable en el ambiente, había que entrar en calor lo antes posible.

Estábamos comentando lo acontecido el día anterior, cuando de repente, empezó a sonar de nuevo una de mis alarmas. Salí corriendo, como empezaba a ser costumbre últimamente en mí, y esta vez me dio tiempo a clavar. Después de una pequeña lucha, pude meter en la sacadera un bonito ejemplar de barbo que dio un peso de 7,650 kg. Tras desanzuelarlo nos dimos cuenta de que tenía un pequeño roce en la base de la tripa, quizás provocado por la lucha anterior y nos dispusimos a curársela, tras lo cual fue devuelto al agua con todos los honores a los que nos debemos los buenos amantes del Carpfishing.

No pasaron ni 10 minutos cuando tuvo que salir corriendo Blas hacia una de sus cañas. Clavó perfectamente, pero como se le quedo la cara cuando de repente mientras estaba con la lucha de esa pieza le empieza a sonar la otra alarma. Increíble, ¡dos veces! ¡Juan, Juan, cógela! le dijo Blas. Allí fue como una bala su compañero, el cual con un preciso cachete clavo sin contemplaciones. Era un cuadro verles a los dos intentando sacar sus capturas e intentando que no se les cruzaran las líneas. Rápidamente Gonzalo y yo cogimos una sacadera cada uno y nos dispusimos a cobrar 2 bellos barbos de 6,9 y 6,5 kg. Tras la preciosa foto que se sacaron, fueron devueltos al agua, como siempre en esta pesca.

Se nos hacia un poco raro que la mayoría de las capturas fueran en los puestos de los extremos. Estuvimos todo el día intentando resolver este primer acertijo que nos mandaban nuestros amigos los barbos. Miramos montajes, cebos ¿podría ser que en el medio no hubiera tanta profundidad como si había en los extremos? Esa era la posibilidad por la que más nos decantamos y nos pusimos a sondear la zona de nuevo en busca del detalle que se nos estaba escapando.

Efectivamente, habíamos cometido un error. Juan y Gonzalo estaban pescando a la misma distancia que Blas y yo pero, la cota de profundidad en la zona céntrica descendía mucho más lentamente que en los extremos. Este hecho provocaba 2 hoyos en los puestos de Blas y mío convirtiéndolos en "mortales". Si seguíamos pescando en los puestos centrales en estas condiciones no íbamos a tener picadas en las siguientes jornadas.

Seguimos sondeando por si encontrábamos alguna zona más profunda y una buena zona central la encontrábamos a más de 100 metros, donde la profundidad se equiparaba con los extremos. Decidimos rechazar esta vía y que Juan y Gonzalo aprovecharan nuestros "hot spots". Empleando plomos traseros pudimos cubrir perfectamente la zona de acción. Estaba claro que esta jornada había que resarcirse de la anterior y tomar las riendas de la situación.

Después de comer, Gonzalo y Juan recebaron las dos zonas con cañamón, maíz, micropellets y pellets de buen tamaño. Tras la obligada siesta española empezamos a preparar los montajes para esta segunda tarde. Piiiiiiiiiiiiiii sobre las 18:00. Blas se encontraba un poco lejos de sus cañas, pero su compañero Juan estaba cerca y no dudó en clavar. Tras unas cuantas carreras y fuertes morrazos contra el fondo, pudo sacar un precioso barbo de 6,450 kg. Esto empezaba bien, más temprano que la tarde anterior, seguro que esa tarde todos sacaríamos peces. Dicho y hecho. La jornada se nos dio bien a todos sacando 13 peces entre los 5,300 kg y los 8,100 kg. Estábamos disfrutando al máximo.

Tercer día

Este amanecer fue un calco del anterior. Nos levantamos con la misma niebla y el mismo frío, aunque luego al desaparecer ésta, el resto del día fue maravilloso. Esa mañana decidimos cambiar los refugios de posición, ya que estábamos en una zona en la que casi todo el día nos daba la sombra y esto dificultaría a los que tenían los refugios más grandes a la hora de secarse para la recogida de la mañana siguiente. De esta manera, Gonzalo y Soraya se pusieron al lado de Blas y Tomasi, justo era la zona en la que daban los primeros rayos de sol y por consiguiente antes se secarían.

Al quedarse Juan solo en la zona central, se puso a mi lado, justo en el puesto que había dejado Gonzalo, quedando como pareja para la última jornada. Tanto él como yo, con sendos ovales, los podríamos mover a la mañana siguiente sin ningún problema a una zona en la que diera el sol para así secarse lo más rápido posible. Una de las anécdotas de esa mañana fue cuando una de las veces que recogía una de mis cañas para cambiar de pellet noté como a 20 metros de la orilla algo me había "pegado un viaje". Al terminar de recoger, cuál fue nuestra sorpresa al ver que traía un luciete. No dudó en devorarse un pellet, seguramente le paso por los morros.

A la mañana siguiente, repetición de la jugada. Cuando me disponía a recoger las cañas por última vez me volvió a pasar lo mismo. Sin duda es algo para el recuerdo, igual que el escardino que entró en las cañas de Blas. El día transcurrió como las jornadas anteriores. Hablamos de "Carpfishing", cambiamos impresiones de montajes, la efectividad que habíamos tenido con ellos y sobre todo y más importante, el buen rollo y compañerismo que reino en las jornadas. No faltaron las vivencias de cada uno en distintos puntos de la geografía española.

Tras la pertinente comida, Blas y Gonzalo quisieron entrar con la barca para llevar las líneas a unos 200 metros de distancia, para así poder optar a alguna pieza de gran tamaño que durante estos días hubiera permanecido recelosa de entrar al cebadero. Blas no se dio cuenta y se llevo la línea que menos hilo tenía en el carrete, 220 metros escasos (tenía el reductor puesto en el Fox Stratos). Por este motivo, tuvo que atar la caña a una pequeña rama cercana al trípode para no perder la caña por si había suerte y picaban.

Serian las 18:15 de la tarde y nos disponíamos a darle a la mandíbula para reponer un poco de fuerzas, cuando otro Piiiiiiiiiii rompía la conversación que teníamos ¡Corre Juan, corre, por dios, clávala! Juan se metió 40 metros de spring y clavó. Rápidamente fuimos a ayudarle. Tras un tira y afloja pudo sacar un bonito barbo de 7,450 kg. Tras su devolución al medio pudimos seguir comiendo y charlando tranquilos. Esa jornada fue privilegiada en la zona de Juan y Víctor, sacando entre los dos 9 peces, 8 barbos que rondaron entre los 5,800 y los 8,300 kg y una carpa de 5,300 kg.

Blas y Gonzalo no tuvieron tanta suerte esta vez, una carpa de 6,300 y un barbo de 6,700 kg y lo que podía haber sido record personal. La caña que Blas ató a la rama picó, pero justo cuando la levantaba para clavar, el hilo llegaba a su fin, rompiéndose por el nudo del final del carrete convirtiendo su cara en un cuadro. Seguro que era un buen ejemplar.

Vuelta a casa

Esto llegaba a su fin, el balance había sido muy bueno, sobre todo para los que íbamos por primera vez a estas tierras. Todos nos felicitamos por el buen trabajo hecho y por lo bien que nos lo habíamos pasado. Ahora quedaba recoger todo el material y hacer el camino para casa lo más tranquilo posible. Ya se sabe que las prisas no son buenas para nada y menos en la carretera. Esperemos que cuando volvamos a ir, podamos disfrutar, al menos, como lo hicimos esta vez. "ESTA CLASE DE VIVENCIAS SON LAS QUE NOS HACEN AMAR CADA VEZ MÁS EL CARPFISHING". Quisiera expresar, junto a Juan, Gonzalo y Soraya, el más sincero agradecimiento a una pareja entrañable donde las haya. Nos referimos a Blas y a su novia Tomasi. Sin la ayuda inestimable de ellos esta jornada de pesca no hubiera sido ni por asomo la que fue. Gracias a vosotros.

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