Gillhams (Tailandia)

Junio 2014. Javier Calvo. Después de dos años largos mirando muchos lugares del mundo donde poder ir a pescar, mi mujer Bea y yo decidimos ir a Tailandia, ya que, tanto por la TV como en revistas extranjeras nos estaban llegando mucha información de los peces que había allí. La verdad que al principio la idea a Bea no la gustó, había muchos inconvenientes como el idioma, la gastronomía y como no, cómo hacer todo el viaje.

Unos amigos me dijeron que los hermanos Sosa habían estado hace unos años en un lago de allí y que podían ayudarnos. Sin dudarlo llamé a Abel que por cierto tengo, que darle las gracias por la información, aunque luego decidimos no ir al pantano, pero aun así mil gracias, eres un tío genial. Después de hablar con él y comentárselo a Bea nos decidimos por fin. Ahora había que prepararlo todo.

Lo segundo es mirar el viaje. Nos acercamos a la agencia de viajes que está en Palencia en la cual vivimos, Mundi Boy, donde solemos viajar. Allí esta nuestra amiga Marta que cada vez que nos ve entrar por la puerta ya sabe que se nos ha ocurrido una locura nueva, aunque al final siempre nos ayuda en todo y es una buena amiga porque en verdad que preparar un viaje así es una locura. Después del viaje es informarse un poco dónde y como lo vamos a hacer.

La verdad es que siempre conoces a alguien que ha estado en Tailandia y claro le preguntas mil y una cosas. Cada uno que le íbamos preguntando nos decía una cosa, sobre todo que era todo muy barato y que la comida era muy picante.

Queríamos ir a Krabi ya que allí esta Gillhams Resort donde podíamos pasar unos días pescando haber si había suerte y salía el cola roja amazónico que tanta ilusión le hacía a Bea y el arapaima y bagre del Mekong que tanto quería. Sin pensarlo me puse en contacto con Stuart que es el dueño del pantano, la verdad que en las fotos era impresionante. Por más que mirábamos las fotos más ganas teníamos de ir. Además, aparte de esos peces, tiene muchas más especies raras de peces que aun aquí no se conocen, así que sería una buena oportunidad para sacar peces que nunca habíamos visto.

Lo siguiente que teníamos que hacer eran sin duda los cebos. Como aun no había mucha información sobre estos pantanos, pues como siempre lo más fácil es el Facebook que allí siempre conoces a alguien que ha estado allí. Yo hablé con mucha gente pero todos me decían lo mismo, que no llevaría nada que todo me lo dejaban ellos y que de los cebos no me preocupase, que los guías sabían cómo pescar el pantano.

Entonces reservé para la segundo quincena de febrero, solo cuatro días ya que también queríamos conocer Tailandia. A los pocos días de contratarlo vimos un video de Zeb Hogan que estaba en Tailandia pescando allí y bueno fue de gran ayuda porque vimos el pantano, como era, distancias y por donde se podía pescar. La verdad que si ves un episodio de estos, tanto en National Geographic como en Discovery te dan ganas de ir y es una motivación más para el viaje.

Después de cerrar todo, lo siguiente era poder pescar en más sitios, ya que un viaje así había que aprovecharlo y yo más, que tengo la gran suerte de que mi mujer pesca y para los dos es mucho más fácil, además no hay muchas mujeres que las guste tanto la pesca como a Bea, la verdad.

También vimos que había una especie de raya gigante de agua dulce que solo se podía pescar allí, como los pescadores siempre buscamos los peces más grandes y los que más luchan, pues sin pensarlo más se lo comente a Bea y claro en seguida estábamos mirando con que guías y como poder hacerlo. Lo primero que nos comentaron, es que no era muy seguro, porque solo había unos guías que se dedican a ello y claro era difícil poder pescarlas. Además aquí, sí que no había nada de información, así que bueno nos pusimos en contacto con FISH EAST ASIAN que son una empresa de allí que se dedica a ello y bueno mi sorpresa, es que esos días estaban vacios y podíamos contratarlos. Lo contratamos sin ningún problema.

La verdad es que tengo que dar las gracias a todos los amigos que en este viaje nos han apoyado porque han sido muchísimos, tanto a mis compañeros de PassionCarp, como a toda la gente del Facebook que tan bien se han portado conmigo y mi mujer, gracias a todos, sin ellos este viaje no se podría haber hecho, porque cuando se invierte mucho dinero así a lo loco, siempre surgen dudas de si lo hacemos bien o no y siempre hay alguien quien te dice que tires para adelante que todo va a salir bien.

El siguiente paso era saber si alguna marca en España quería esponsabilizarnos, tanto a mí como a Bea, porque así al menos no pagaríamos ni los sedales, anzuelos, boilies y pellet que íbamos a llevar. Marcos de Wordpesk nos puso en contacto con el representante aquí en España de Rod Hutchinson que sin pensárselo nos dijo que sí, que él nos daba algo de ropa y un par de kilos de boilies. La verdad que menos es nada, ya que nadie antes nos había dado nada, porque los demás como siempre mucha publicidad pero luego a la hora de la verdad no se moja nadie y mira que no creo que pida mucho ya que como ves luego tienen su lugar en mis artículos, pero bueno a parte de esto queremos volver para el próximo año, así que si alguien se anima aún estamos esperando a que alguien quiera ayudarnos estaremos deseando, porque duele mucho que hasta los de casa no quieran saber nada de ti, cuando llevas todo el año dando la cara.

Según iba llegando el día teníamos más nervios pero más ganas de ir, había que preparar muchas cosas, sobre todo el viaje de las stingrays. Estábamos indecisos de donde poder pescarlas ya que en los videos que habíamos visto pescaban en el rio Chao Praya, en el rio Mekong y en el Maeklong, nosotros decidimos pescar los tres ríos, dos días en cada rio, haber si había suerte y podíamos sacar uno de estos gigantes. El día llego y cuando llegamos a embarcar nos estaban esperando unos grandes amigos de Madrid , Roberto ,Ángela, Ángel, Fran y como no, Marcos de Wordpesk, hay que agradecérselo, porque no siempre se tienen amigos así

La verdad es que nos esperaban 13 horas de vuelo desde Madrid- Bangkok y ya llevábamos más de 4 horas entre coche y autobús, vamos que desde que salimos desde mi casa en Palencia hasta que llegamos a pantano de Gillhams habían pasado más de 25 horas y la verdad que es muy pesado, es lo peor del viaje, pero merece la pena

Nada más bajarnos del avión, fuimos a buscar el siguiente vuelo Bangkok a Krabi que es otra hora y media. En nuestro vuelo ya nos habíamos dado cuanta que un chico estaba con las camisetas de Gillhams y ya sabíamos que este chico también iba a pescar allí. Los tres nos fuimos con el conductor que nos vino a buscar en un gran coche.

Es muy raro ver como conducen allí, porque encima de que el volante va al revés, allí no hay semáforos y hay muy pocos ceda al paso. Vamos que es muy complicado conducir, según íbamos hacia el pantano nos cruzábamos con motos y motocarros llenos de comida o en una moto cuatro personas, vamos una locura.

Después de 35 minutos llegamos al pantano, la primera impresión es que es el paraíso, todo es precioso, una pasada, no se puede comparar con ningún otro sitio, solo había una pequeña pega, era el calor. Casi 40 grados con una humedad impresionante. Después de estar en recepción un buen rato cerrando todo, uno de los guías -John- nos enseñó el pantano con la buena suerte que según estábamos dando el paseo por el pantano se arrancó un arapaima en el puesto de enfrente. Después de un rato lo pudimos ver, que pasada en colores y lo bonito que es.

Poneros en situación. Más de 25 horas de vuelo. Deseando llegar y vemos eso nada más llegar, ¡qué maravilla! Ya queríamos pescar a toda costa. John nos decía que terminaríamos la vuelta, pero nosotros pasábamos de eso. Queríamos ya pescar. Al final nos convenció y cuando estábamos empezando de nuevo la vuelta de nuevo sonó un silbato y los guías fueron corriendo. Este viaje al llegar nos dijeron que no era muy grande, era una siamesa de 24 kilos preciosa.

Estábamos eufóricos, pero aun así no teníamos ni la cañas. Tenemos que decir que mandamos unas cañas para el pantano desde España, pero desaparicieron en el aeropuerto de Bangkok, así que no es muy aconsejable mandar nada porque en estos sitios desaparece casi todo, así que decidimos contratar en el pantano todo, sobre la una y media del medio día por fin nos dijeron que ya podíamos pescar. La pesca se había parado pero que ganas teníamos de echar las cañas.

John nos llevó hasta dos puestos juntos, uno para Bea y otro para mi. Mi sorpresa es que cuando le pregunté que donde teníamos que tirar las cañas nos dijo que a unos 10 metros de la orilla. No hacía falta más. Fue una sorpresa porque no me hacía a la idea que un ejemplar de 100 kilos o mas estaría pegado a la orilla.

John súper simpático nos enseñó como hacen los bajos allí. Es un “hair” normal como los hacemos aquí. Los cebos de lo más simple. Pellet y maíz serian nuestros cebos estrella. Otra cosa a tener en cuenta es que todo el mundo nos dijo que no lleváramos nada, que todo lo ponían ellos, pero bueno es aconsejable que llevéis vuestros propios montajes.

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Gracias a Real Drops que nos regaló unos botes de sus maíces artificiales, teníamos mas oportunidad de poder sacar buenos peces. Después de preparar todas las cañas, nos pusimos a cebar, allí todo es a lo bestia. El primer cebado es como me gusta a mí: a lo salvaje, unos dos kilos de maíz y unos cuatro kilos de pellet, entre micro pellet (que compramos un saco de 20 kilos) y pellet de 24 milímetros.

Antes de terminar las cañas y mi cebado, cuando estábamos terminando de cebar picó en la primera caña que habíamos echado. Rápido fuimos y clavé con mucha fuerza. Mi sorpresa es que según estaba levantando mi caña para clavar el pez este empezó a tirar y no pude ni clavar de lo fuerte que tiraba, esta sensación solo me ha pasado una vez y fue cuando pesqué el esturión grande en Canadá, pero no me hacía a la idea como podía haber un pez así allí. Nuestro guía empezó a gritar Mekong y todo el mundo cercano a mi sacaba las cañas, ¿por qué sería?. 

A los pocos minutos de luchar el pez, éste partió y se llevo todo el aparejo. Qué desilusión. Mi primer pez y lo pierdo así. Me habían dicho que se perdían muchos peces pero no pensé que iba a ser así, además de lo cansado que estábamos del viaje, encima perdemos el pez. Cuando John estaba preparando el bajo nuevo, la caña de Bea se arrancó enérgicamente. Bea corriendo clavó de nuevo la misma que la anterior, John gritó Mekong y mis compañeros de los puestos al lado sacaban las cañas cuando partió al poco tiempo, que cara teníamos Bea y yo era todo un poema.

Bea y yo desde el primer día nos sorteamos las picadas. Es la mejor manera de que todo el mundo pueda disfrutar de la pesca. Impresionante, qué mala suerte. No me lo podía creer. Esta vez John que estaba haciendo los bajos, yo revisé todo hasta el mínimo detalle, no se podía perder más peces así. Encima nadie estaba sacando peces y nosotros habíamos perdido dos. John preparó todo y de nuevo teníamos todas las cañas echadas y listas para pescar. Los dos puestos estaban más o menos a unos 20 metros, así que podíamos estar juntos conversando. Para mí esto es muy importante ya que no entiendo nada de inglés. Todos los guías son ingleses y solo hay uno que sabe un poco de español. Teníamos un vecino de puesto que era holandés y su mujer sabía algo de español, ella nos ayudó mucho en todo estos días.

Habíamos contratado 3 días enteros y dos medios días. Solo se me pasaba por mi cabeza que con todo el viaje que habíamos hecho era una mala jugada haber perdido esos dos peces. De repente, una de mis cañas de nuevo se arrancó. Esta vez no iba a ser igual que las demás. John que estaba allí con nosotros hablando me dijo que era una carpa por como tiraba. La verdad que era un pez muy luchador pero nada que ver con lo otro que habíamos clavado. Después de casi 40 minutos de muy buena lucha John se metió al agua y con una sacadera enorme apareció una enorme carpa y él la metió en ella. Qué emoción. Teníamos una carpa siamesa, un pez precioso que teníamos muchas ganas de pescar.

Como podéis ver en la foto la diferencia entre una carpa común y una siamesa son varias, como por ejemplo su color. Normalmente la carpa común es de color dorado con tonos de diversos colores. Ésta es al revés, es plateada más o menos oscura y una de sus aletas anal tiene un color rojizo, aunque esta carpa no tenía mucho. La boca es muy grande en comparación con las carpas comunes, también parece que se está riendo siempre como los amures. Las escamas son muy duras siendo una protección para ellas, también suelen ser más grandes que las carpas comunes.

Para mí era inmensa, nunca había pescado una carpa tan grande. Este pez entró con los maíces artificiales de Real Drops. Después de curarla estábamos dispuestos a soltarla, cuando la caña de Bea empezó a picar. Qué emoción. Esto estaba cambiando. Bea estaba muy nerviosa pero después de un buen rato pudo ver que era otra carpa, más grande. Como siempre John se metió al agua y sin dudarlo la metió dentro de la sacadera. Era mucho más grande que la mía y lo mejor es que Bea estaba muy ilusionada por este pez. Ya teníamos una carpa cada uno, aunque como siempre Bea sacaba una más grande que yo. Según John esta pesaba 28KG pero es una pasada tener un pez así encima.

El cuidado de los peces es muy importante en nuestra pesca y allí lo llevan al extremo, hasta que sólo te permiten sacar un par de fotos al pez, después hay que soltarlo corriendo. Aquí no comparto sus ideas, ya que el pez estando en el agua no sufre en ningún momento y además siempre es bueno asegurarte que el pez está en condiciones para poder soltarlo, pero allí los guías son ellos y bueno aunque no te guste, es así.

Los guías están para ayudarte en todo. Hay cinco guías y si necesitas algo lo que sea, sólo tienes que decírselo y listo. Bebidas y comida, lo que sea, ellos están por el pantano con una bicicleta y si se lo dicen te lo traen todo. Cuando estábamos comiendo me picó otra pez en mis cañas y cuando tiré de la caña era un pez pequeño casi no tiraba pero no sabía que podía ser. Cuando casi estaba en la orilla es cuando empezó a dar un poco de guerra y John me dijo que era un pacú. Estaba ilusionado ya que no había pescado uno nunca. Después al poco tiempo tuve otra picada, era una carpa pero esta vez era una carpa julia, como siempre después de curarla la soltamos. Esta carpa no suele ser muy grande pero son muy bonitas para los que buscamos tener peces distintos, esta carpa peso 12 kilos.

La carpa Julia o Golden Price Julians es una especie de carpa, que como podéis ver no se parece en nada a las que solemos ver aquí en España. Todas son de dos colores, dorados y negro-plata. Las aletas son más parecidas a la de las tencas y son de color entre negro y gris, su cabeza es muy pequeña y de dos colores también, sus ojos son rojizos y sus escamas son como las carpas comunes pero mucho más duras.

Allí los compañeros sacaban también peces. No tantas picadas como nosotros pero sí que estaban saliendo peces por todo el pantano. Nosotros para ser el primer día estábamos muy contentos la verdad, aunque estábamos agotados. Había momentos que nos quedábamos dormidos en la silla porque no habíamos pegado ojo con los nervios del viaje y de la pesca.

Cuando llegó el atardecer John nos dijo que los arapaimas y los bagres de cola roja pasan muy cerca de la orilla a unos 10 centímetros de los nenúfares. Sin pensarlo dos de las cañas las pusimos en la orilla y las otras dos en el cebadero que habíamos hecho por si teníamos más suerte. Estábamos rotos, yo sobre todo, que llevaba más de 40 horas sin pegar ojo, pero si pescábamos un arapaima ya estaba mas de la mitad del viaje hecho.

No tuvimos esa suerte y encima el vecino pescó un Mekong y tuvimos que sacar las cañas, asi que Bea y yo esta vez perdimos la oportunidad. Todos se fueron menos Bea y yo. Queríamos ver cómo era un Mekong, era una pasada como tiraba ese pez, nosotros que habíamos luchado ya uno, no pensábamos que era así la lucha, no habíamos visto nada, después de más de una hora y media pudimos verlo, eso si, el pescador alemán estaba roto así que después de felicitarle por el pez nos fuimos a cenar.

Ese fue un buen momento. Estábamos todos los pescadores reunidos y puedes conversar con todos sobre la pesca, eso sí en ingles. Nosotros tuvimos suerte que coincidimos con una pareja de holandeses majísimos. Ella se llama Carla y el Joop y nos ayudaron a conversar con todo el mundo. Además era mi vecino de la derecha y bueno siempre es bueno por si necesitas algo. Después de esto nos fuimos a dormir. La habitación está muy bien aunque es muy básica, para dormir y poco mas. El baño no es de lo mejor que hemos visto, sobre todo la ducha, pero bueno es lo que hay, lo mejor de tu habitación es que está al lado del puesto y si necesitas algo en dos minutos lo tienes al lado.

Segundo día

La verdad que cuando llegamos a la cama estábamos que no podíamos y a las 6:30 había que despertar porque a las 7 empezábamos a pescar. Cuando nos despertábamos eran las 7:30 porque nos quedamos dormidos. Cuando bajamos al puesto ya estaban todos pescando menos nosotros, pero bueno, nuestro cebadero ya estaba hecho del día anterior asi que solo había que echar las cañas. Hacia muchísimo calor, unos 42 grados y como el día anterior muchísima humedad.

Cuando llegamos al puesto sin dudar Bea y yo echamos las cañas en el cebadero que teníamos cerca de la orilla que el día anterior nos había dado tantos peces. Rápido me dí cuenta que esto había cambiado, nadie en el charco había sacado nada. Además no saltaban ningún pez. Joop vino y nos dijo que se le había roto la cámara de fotos así que sin dudarlo le dije que yo se las hacia.

Durante la mañana no tuvimos ni una pecada, estaba muy fría la cosa, aunque la esperanza es lo último que se pierde. A la hora de comer, yo saqué una de mis cañas y la tiré al medio del pantano, para ver si tenía más suerte. A los pocos minutos vino John y me echó la bronca porque me decía que no sacara las cañas del cebadero. Todo lo simpático que había sido el día antes ya no era así, parecía como que pasaba de nosotros y encima con malas caras todo el día, yo no le hice ni caso y deje la caña en el medio, no molestaba a nadie y no entendía porqué la tenía que quitar.

Al poco rato en la caña que había tirado al medio picó. Al clavar enérgicamente me di cuenta de que era un Mekong. Esta vez esperaba por lo menos sujetarlo más que el vecino. John me dijo nada más llegar que era un Mekong y que no podía estar en el medio, porque el pez tira por el pantano y molestamos a los demás. Yo le dije que a mí también me molestaban los demás, porque cuando habían clavado un Mekong me tocaba sacar las cañas y no podía pescar. Al terminar de decirme esto se fue, el pez se iba para todos los sitios sin poder sujetarlo. Era impresionante como el pez sacaba línea con el carrete casi cerrado, Carla nos hizo el favor de venir y ella nos grababa con la cámara de video.

El pez se fue después de una hora a la cola del pantano allí donde estaban los arapaimas y era complicado pescar porque solo hay dos sitios. Otra cosa a tener en cuenta es que en este pantano no te puedes meter al agua (sólo los guías), así que yo veía como el pez se me metía en la orilla de los nenúfares y no podía hacer nada. Joop mi vecino por más que tocaba el silbato allí no llegaba nadie y el pez tiraba más y más. Al final llegó John se tiró al agua y empezó a nadar con la caña. Cuando llegamos al último puesto de la cola todavía estaba el pez a más de 50 metros y no daba tregua. Después de una hora y media por fin el pez estaba cediendo y se acercaba a la orilla. Es increíble cómo puede tirar un pez así. Ya sé porque los pescadores de allí siempre me decían que un Mekong nada más porque te deja roto.

Cuando ya lo teníamos en la orilla John lo metió en la sacadera grande y no entraba, era inmenso. Además son muy raros, tienen el cuerpo muy grande y una cabeza muy pequeña. Lo que más me llamo la atención es la cola, es muy grande y muy fuerte, por eso oprime mucha resistencia. Son de color gris azulado con tonos morados, muy bonito la verdad. La boca no es como la de los siluros, estos no tienen dientes, pero si tritura la comida con su mandíbula, aunque es un pez que se traga todo lo que pilla.

El bagre del Mekong es una especie de siluro pero no como los que tenemos en España, es de color plateado muy ancho, pero lo que más le diferencia es, aparte de su aspecto, es que no tiene dientes y que sun ojos están por debajo de la boca y que su cola o aleta caudal es súper grande y hace mucha presión a la hora de luchar con él.

Mas o menos este ejemplar pesó según los guías unos 70 o 80 kilos y con una lucha de una hora y media más o menos, aquí en la foto podéis ver como estamos curando a los peces ya que después de las luchas, con tanto peso y con la presión de pesca los peces tienen muchos desgarres en la boca y antes de soltarlo le curamos todas las heridas tanto en la boca como en el cuerpo.

Para Bea y para mí era importante este pez ya que era uno de los que íbamos a pescar. Hay pescadores que buscan tener los peces más grandes, nosotros eso no nos importa. Buscamos tener pescadas muchas especies distintas, así puedes decidir que peces te gustan más y los que más tiran. Nosotros en casa tenemos una pared donde ponemos todos nuestros recuerdos de los peces que hemos pescado, cada uno de una especie y es muy bonito poder recordar con los amigos los peces y como los pescaste.

Hasta la tarde se paró todo, allí casi no salían peces, los pescadores estaban un poco decaídos. A eso de las 3 de la tarde a mi vecino Joop que estaba pescado al lado de mi cebadero, justo donde saque el Mekong en todo el centro del pantano, se le arrancó un pez. Otro Mekong que nos tocó sacar las cañas tanto a Bea como a mí. Sin problema nos fuimos con el allí y estuvimos disfrutando de la lucha de su pez, no todo es pescar también hay que disfrutar en buena compañía.

Después de una lucha de casi dos horas, por fin lo vimos era como el mío pero Joop estaba roto como yo, porque le llevó por todo el pantano obligándolo a meterse hasta por el agua, pero merece la pena tener a ese pez entre los brazos. Cuando terminó todo nos fuimos a nuestros puestos a echar las cañas de nuevo, ahora teníamos la fe que podíamos pescar mas, porque los peces se estaban activando en nuestros cebaderos.

A las 5 de la tarde se arrancó una alarma de Bea y sin pensar clavó de nuevo. Tocamos el silbato rápidamente para que viniera un guía. Al poco tiempo llego otro guía que era tailandés que era muy majo. Bea sacó la pequeña de la tarde, una carpita de 14 kilos preciosa, para Bea era preciosa porque según ella la podía coger sin problemas, porque la otra era tan grande que no podía con ella.

El cebadero de la orilla, este dia no dió ni un pez, y la verdad que me plantee cambiar todo al cebadero del medio, porque estaba dando peces. El problema es que habia invertido mucho cebo alli y habia que mantenerlo, ya que según los guias aun era poco cebo y tenia que echar más y más para atraerlos. A esa hora ya habia tirado 10 kilos de pellet grandes y 4 kilos de maiz a los dos cebaderos y yo pensaba que era bastante, ya que no teniamos tantas picadas para eechar mucho mas.

Al anochecer no pudimos hacer nada, porque a eso de las 7, a Joob mi vecino, le pico un mekong y nos tocó sacar las cañas. Como ya habiamos cogido confianza nos fuimos alli con él a echarno unas risas. Estaba hecho polvo, porque ya habia tenido varias picadas de mekong fallidas y este le estaba sacando mucha linea y no podia con él. Como ya mi mujer y Carla habian hecho buenas migas pues nos quedamos para ir a cenar juntos. A eso de las 9 nos ibamos a cenar juntos y la verdad que para mi es lo mejor, porque es cuando estamos todos juntos alli e intercambiamos opiniones.

Nos fuimos a la cama un poco desilusionados porque del primer dia al segundo era todo un abismo. El primer dia los guias eran super simpaticos y el segundo ya no, el cebadero de la orilla nos dio, el primer dia muchos peces y el segundo ninguno, aun asi estabamos contentos porque muchos de los pescadores ese dia se fueron sin peces.

Tercer día

Al despertar el tercer dia y sin dormir por la noche decidi cambiar la estrategia. Como estaban picando en el medio y en la orilla no, dicidimos poner dos cañas en el cebadero de la orilla y dos en el medio. El calor de ese dia era como el dia anterior y no se podia pasar un rato sin sudar. Ya teniamos tres peces distintos y queriamos sacar alguno más. Bea queria un cola roja amazonico y cuando pasó otro guia, que fue de los mas simpaticos con nosotros que se llama Criss, Bea le preguntó que donde podia sacar un cola roja. Este pez solo pica a primera hora de la mañana o a ultima hora de la noche y salian muy cerca de la orilla, asi que habia que buscar otras opciones.

Criss le dijo que en la orilla de enfrente solian salir mas que en donde estabamos, pero que no llegariamos lanzando y sin pensarselo le dije que queria arriesgarme ya que no habia nadie en frente y teniamos que aprobechar la oportunidad. La verdad que allí todos los pescadores que van se suelen ir dos o tres zonas que es donde se mueven los arapaimas y bueno es donde suelen estar ocupados todos los dias.

Cris nos preparó una caña y sin dudarlo él nos la lanzo más o menos donde él sabía que tenía una zona limpia y que solían sacar algún cola roja. Cuando lanzó la caña nos quedamos un poco tiempo hablando con él y cuando se iba a ir se arrancó la caña que había echado en la otra orilla. Bea toda ilusionada tiró de la caña. Ella estaba muy nerviosa y quería que el pez no se escapara. No tiraba mucho pero estábamos seguros de que era un cola roja. Con 20 minutos o poco más el pez ya estaba cerca y Cris se lanzo al agua con la sacadera grande. Yo esperaba que no se perdería el pez porque Bea estaba súper ilusionada. Pudimos ver el pez, era un cola roja y a la primera Cris lo metió en la sacadera. Bea estaba pegando botes de alegría. Sin pensárselo Bea se lanzo al agua y se dio cuenta que no era un cola roja amazónico, sino el cola roja asiático, que es más difícil de sacarlo ya que hay muy pocos.

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Sólo con ver la cara de Bea ya os imagináis lo feliz que estaba, y yo también porque era uno de los peces que tanto había soñado, aunque era el asiático y no el amazónico. Este pez peso 12 kilos y como podéis ver es todo musculo, además sus aletas laterales terminan en púa y son muy peligrosos. También su aleta dorsal como veis en la foto son todos pinchos que son con lo que el pez se defiende, también tiene unos bigotes muy largos con lo que busca las vibraciones de otros peces y con lo que busca la comida, también tiene dos colores como podéis ver la parte de abajo es de color blanco y la parte de arriba es gris.

El día pintaba bien después de el día anterior tan malo que habíamos tenido. John llegó muy enfadado y nos dijo de nuevo que no podíamos hacer eso, que molestábamos a otros pescadores. Yo me mosqueé mucho, ya que los otros guías no nos ponían ningún impedimento y este sólo me ponía pegas. Parecía que le molestara que nosotros pescáramos. La verdad, yo ya estaba muy caliente y preferí seguir pescado y pasar de él.

Cada vez que pasaba me decía lo mismo. La verdad que llegó a ser muy pesado. Decidí poner dos cañas, una de Bea y otra mía allí a ver si había más suerte. A media mañana se me arranco una caña, otra vez la que teníamos en la otra orilla. Según clavé el pez no oponía resistencia. Hasta llegue a pensar que no traía nada. Cris se tiro al agua y en muy poco tiempo metí el pez en la sacadera, era una piraña gigante (pacú).

Este pez es de la familia de las pirañas y como se ve en la foto es de color gris con la parte de abajo rojiza, las aletas anal y pelvianas son de color rojizo, sus dientes son como los nuestros, tiene unos molares perfectos. Habíamos sacado un Pacú. Era precioso, hasta los guía tenían miedo a poder sacarlos porque tienen unos dientes como los humanos que son capaces de morder todo lo que se proponga. Este pez sin curarlo lo soltamos porque no dejaba de moverse y era peligroso. Este pez es amazónico también. A mí me hizo mucha ilusión. Ya tenía otro pez distinto. Cuando estábamos soltándolo se arrancó la otra caña que teníamos en la otra orilla. Bea clavó y parecía que había pescado otro Pacú ya que tampoco oponía resistencia. A los pocos minutos el pez se escapó y Bea al recoger se dió cuenta que el anzuelo estaba partido. El pez había mordido el anzuelo y le había roto.

Mientras Cris cambiaba el aparejo para seguir pescando, se arrancó otra de las cañas que Bea había puesto en el medio del pantano. Esta vez el pez sí hacia resistencia y parecía un buen pez. Cris la dijo que era otra carpa. Bea quería batir su record y ya que pescaba otra quería una más grande. Después de 50 minutos de lucha el pez ya se acercaba y como siempre Cris se metió al agua para ensalabrar la carpa. Era muy grande, incluso más que la otra. Bea muy contenta se metió al agua y nos enseño el hermoso pez que había pescado. Este pez según Cris pesaba unos 30 kilos así que bueno estábamos muy felices.

Esta ilusión a los pocos minutos se nos quitó ya que el vecino Joop estaba luchando otra carpa pero esta parecía más grande que las nuestras. Pasaban los minutos y el pez no cedía para nada a las dos horas. Joop estaba muy cansado pero el pez también, cuando ya estaba en la orilla John metió la carpa en la sacadera y Cris llamó por teléfono. A los pocos minutos se presentaron allí todos los guías con un tapiz, bascula y un rejón de pesaje parecía grande, aun no habíamos visto nada. Bea y yo estábamos flipando de aquel pez que había salido después de destarar todo metimos el pez en el rejón y pesamos el pez. Joop estaba muy cansado pero muy emocionado, el pez lo tuvimos que levantar entre dos personas que bicho, que enorme, yo nunca había visto una carpa así. La bascula se paro en 55 kilos así que era la cuarta carpa más grande del pantano.

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Impresionante, eso sí que es una carpa, un autentico monstruo de rio la verdad. Es una sensación única poder ver un monstruo así. A eso de las 6, ya estábamos preparando para cambiar las cañas, ya que como os he dicho, los cola roja y los arapaimas están cerca de las orillas asi que quería quitar la del cebadero del medio y ponerlas lo más pegadas a las orillas. Este día ya había sido mejor además de los que habíamos sacado también habíamos perdido peces, hasta un Mekong con casi dos horas de lucha Bea así que el día era positivo, a las 6:30 cambiamos las cañas y todo estaba listo para estar en silencio y haber si había suerte ya que los otros dos días no lo habíamos tenido.

A las 7 más o menos, a mi compañero Joop el vecino de la derecha, le picó un Mekong. Para nosotros era lo peor aunque estábamos muy contentos por él. De nuevo nos tocaba sacar las cañas de la otra orilla perdiendo oportunidad de poder sacar algún pez allí y perdiendo el cebadero que teníamos de todo el día.

Solo teníamos dos cañas en la orilla nuestra y bueno la verdad es que el Mekong cada vez se acercaba más y más a la orilla temiendo que otro día que nos tocaba sacar las cañas y perder así lo mejor del día. El Mekong se dió un giro y se fue a la mitad del pantano. De repente se arrancó una de las cañas de Bea, esta vez me tocaba tirar a mí, enérgicamente tire y el pez rápido se fue a la mitad del pantano. Enseguida vino John a decirnos que eso no era así, que teníamos que haber sacado las cañas. Yo ya pasaba de él. Pienso que es una persona que no quiere a los pescadores españoles porque todo lo que hacíamos nosotros le sentaba mal. A los pocos minutos vino Cris y se metió al agua. El pez ya estaba cerca y no había pasado nada. Ensalabró perfectamente el pez y pudimos ver que era un cola roja amazónico. Qué bonito y que colores más vivos tenia, Bea se puso muy nerviosa. Era el pez que tanto había soñado con él, aunque estaba un poco triste porque lo había sacado yo y no ella.

Cuando ya estaba preparado para meterme al agua, John como siempre nos dijo que había que darse prisa que el pez no podía estar con nosotros mucho tiempo. En ningún momento se sacó el pez del agua. Yo no entendía porque solo podía sacarme una foto cuando el pez seguía en el agua y así no sufre nunca. Bea le dijo a John que si se podía meter al agua conmigo para la foto lo que respondió que no. Solo puede sacarse las fotos los pescadores. Otra cosa que entristeció a Bea. Cuando Bea cogió la cámara de fotos esta estaba apagada y no sabía cómo se encendía la cámara. John se puso de los nervios y solo me decía que había que soltar el pez. Yo ya me mosqueé y le dije que yo pagaba por sacarme fotos y que en ningún momento el pez estaba sufriendo. Con todo esto Bea no atinaba a sacar el flash de la cámara de fotos lo que al final terminamos discutiendo con John.

Me parece que de peces entenderán mucho pero de trato a las personas y de cómo hay que tratar los peces tienen que aprender mucho. Parece mentira que en un pantano así, con el dinero que cuesta ir hasta Tailandia, el cansancio del cambio horario, mas la mala leche que te pone todo esto, creo desde mi humilde impresión de que se podía mejorar y mucho el trato del pescador con el pez y los modales de esta gente ya que no hacemos daño a ningún pez. De hecho no se sube ningún pez fuera del agua, todas las fotos se hacen desde el agua así que no hay daño alguno para los peces.

El bagre de cola roja amazónico, es otro de los bagres que sacamos. Tiene tres colores que le diferencian, el color blanco de la parte de abajo que es un blanco intenso, el color rojo de la cola y la parte de arriba es de color marrón con pintas de color marrón oscuro. En la cabeza y en la parte inferior de la cabeza tiene una corazón dura ósea. Las aletas terminan todas en un poco de color rojo. Tiene dientes como los bagres que conocemos, también en algunos sitios le llaman roncador porque cuando lo sacas del agua emite un ruido como un ronquido que es muy característico.

Esta fue la única foto que Bea logró sacar después de todo lo que pasó. Encima John no se digno ni a mojarse para ayudarme con este pez, tanto que nos echaba en cara lo del cuidado de los peces y luego ni lo curó. Con muy mala leche nos fuimos a cenar, allí estaban todos y Bea y yo muy enfadados, al llegar al restaurante me dirigí donde estaba el jefe de los guías Joel, por cierto es un tío genial súper simpático, le comente lo que nos había pasado y nos dijo que es que lo primero era el pez, yo le dije que el pez no había estado fuera ni dos minutos, bueno que solo hay esta foto no tengo más. LLamó a John y estuvimos hablando del tema. Yo estaba muy disgustado y la verdad con ganas de irme de allí. John decía que es que lo lleva en el corazón el daño del pez lo cual le dije que no era así, que no había tenido ni ganas de meterse al agua para curar el pez. Después de un rato hablando acaloradamente, al final dejamos la conversación porque siguen sin entenderlo.

Cuarto día

El día después por la mañana y con 42 grados de calor y 70 de humedad, a las 6:30 estaba en el puesto. Quería que fuese el mejor de todos. Fui el primero en llegar al puesto y empezar a cebar. John llegó de nuevo y empezó con lo mismo del día anterior, encima nos decía que no había dormido pensándolo. Yo tampoco con la mala leche que tenia la verdad. Seguía sin entender que en el agua el pez no sufre nunca y que no tiene estrés ninguno. Al final lo mejor es pasar de él y Bea y yo le dejamos con la palabra y pasamos de él. A las 7 de la mañana empezamos a pescar y a echar las cañas. Íbamos a saco a ver si sacábamos el arapaima que aun no había dado la cara ninguno.

A eso de las 8 de la mañana tuve la primera picada que tiró Bea. Era un pequeño pez que a los pocos minutos lo teníamos ya en la orilla. Casi no me dio ni tiempo a silbar. El chico tailandés guía llego corriendo y se metió al agua directo. Era un Pacú. Bea estaba muy contenta por su pacú, aun no había sacado ninguno con la mala suerte que el tailandés tuvo miedo al cogerlo y se le escapo quedándose Bea sin foto. Ya lo que faltaba para rematarlo. Bea salió muy pero que muy quemada porque no lo entendía. Al poco tiempo tuvimos otra picada y esta vez Bea volvió a clavar pudiendo sacar el pez, era otro pacú con el que esta vez estaba dispuesta a que no se le iría, quitó al guía y ella mismo quiso sacarle el anzuelo. Esta vez sí podemos enseñar la foto del pacú que saco Bea.

Era un buen día. Acabábamos de empezar y ya teníamos dos peces fuera del agua y todavía quedaba mucho día. A las 9 de la mañana tuve otra picada en mis cañas también en la que estaba en la otra orilla. Esta vez me tocaba tirar a mí. El pez era muy fuerte y tiraba mucho, la verdad es que se fue a la derecha de mi puesto casi enganchando a mi compañero Joop. Después de casi treinta minutos de lucha, se venía a la orilla una carpa siamesa. El chico tailandés muy contento por lo bien que se nos estaba dando, nos ayudó mucho aunque perdió varios peces. Esta carpa peso unos 28 kilos y la verdad es que con el día que llevábamos todos los males se estaban pasando.

A las 11 de la mañana picó otra caña de las de Bea. Esta vez era un pez grande, un Mekong. Como siempre que sale uno pues nos tocó sacar las cañas de nuevo. Esta vez el pez tiro a la izquierda, cuando por fin llego John. Como siempre lo primero que nos dijo es que la culpa de eso era por nosotros por pescar en la otra orilla y que ahora tocaría sacar las cañas a los demás. Bea se giro y le dijo en inglés, claro, que siempre que picaba un Mekong tocaba a todos sacar las cañas y que nosotros habíamos sido los más perjudicados porque estábamos en el medio del pantano y casi todos los bagres del Mekong pasaban por nuestro puesto y siempre nos tacaba sacar las cañas, así que por primera vez John dejo de meterse con nosotros.

A las dos horas de lucha y el pez casi en el otro extremo del pantano, Bea estaba ya dolorida del brazo de cómo tiraba. La tocó cambiar de puesto varias veces por el agua para poder acercarse al pez. Al poco rato partió dejando con mal cuerpo a Bea. Es muy duro luchar un pez así y perderlo. Además del cansancio por la lucha es duro porque perder un pez así, te deja moralmente agotado. A las 5 de la tarde picó otro pez. Bea tiró sin problema de la caña y se dispuso a luchar de nuevo. Era otra carpa siamesa. Esta vez no se iba a escapar a media hora de lucha. Bea pescó una carpa del Siam de 25 kilos, es el único pez que tenia la boca limpia de pinchazos, porque los demás estaban con la boca cosida de los anzuelos. Este pez hacía tiempo que no picaba.

Después de este pez ya no tuvimos más picadas. Ya eran las 6 y media estábamos preparando ya para poner las cañas en la orilla. Como siempre dos en la orilla de enfrente y dos en mi orilla que era donde me estaban dando muy buenos resultados, aunque a estas horas siempre picaba un Mekong y nos tocaba sacar las cañas perdiendo así todas las posibilidades de sacar un arapaima. A las 7 de la noche ya de noche pico una de mis cañas. Esta vez me tocaba a mí. Nada mas clavar el pez se puso a tirar como un loco, rápidamente me di cuenta que no era un arapaima sino un Mekong. Como siempre todos recogieron las cañas, porque encima era como un loco tirando y se iba de lado a lado como un loco. A eso de las 8 dejaron de pescar como siempre todos los pescadores y lo mejor es que todos pasaban por mi puesto a darme ánimos. Bea cada poco me ofrecía agua para beber y Carla trajo la cena a Bea. Esto se iba a animar. Joop mientras luchaba me gastaba bromas, la verdad es que estaba pasando los mejores momentos de pesca.

La verdad es que las dos primeras horas era bonito pero muy duro poder sujetar un pez así. Mis compañeros se fueron a cenar y nos quedamos solos los tres guías, Jeff, el chico tailandés, yo y como no, John. Jeff y John me decían que cerraría mas el carrete que si no la lucha iba a ser interminable. Yo tiraba del carrete y no sacaba línea ya pero aun así seguían cerrando puntos, cada vez que tiraba el pez ya casi no podía ni sujetarlo ya que con la presión y que casi no podía sacar línea el pez era muy difícil la pesca. Después de tres horas ya mi cansancio era extremo, casi no podía ni moverme. Detrás mío estaban casi todos los pescadores esperando ver que sacaba. Bea no dejaba de pasarme agua porque por la noche hacia unos 30 grados y luchando un pez así hay que hidratarse. Los guías estaban muy nerviosos porque se querían ir a cenar y no hacían nada más que poner pegas sobre todo como siempre John.

El pez ya se acercaba a la orilla pero con el carrete cerrado casi a tope me decían que barrería de lado para no dejarle irse para el medio del pantano. Yo no podía más. Los minutos pasaban y el pez no daba la cara. Cuando ya casi llevaba cuatro horas el pez estaba en la orilla. Los guías se tiraron al agua. Aun así el pez oponía resistencia, por mucho que tiraba de la caña era incapaz de poder sacar la cara del pez del agua. Al final Jeff se sumergió y metió la cabeza del pez dentro de la sacadera y John la levantó. El pez ya estaba dentro por fin.

Nada mas soltar la caña ya me estaban llamando para sacarme las fotos. No me dejaron ni beber agua. Como si de un paseo fuese luchar con un pez cuatro horas, pregunte que si mi mujer se podía sacar la foto conmigo negándose otra vez rotundamente, asi que estábamos decepcionados con sus decisiones la verdad. Pero son las normas. Después de tres fotos lo soltamos siendo el pez más grande de esta sesión con +100KG de peso según los guías. Como siempre a mi me da igual los pesos de los peces. Me quedo con la lucha infernal que he tenido con el pez, sacando lo mejor de mí en la lucha.

No podía ni moverme, me flaqueaban hasta las piernas del esfuerzo, cuando fui a cenar el restaurante ya había cerrado así que me quede encima sin cenar esa noche, mereció la pena porque todos nos quedamos con una cara que infarto cuando levante aquel pez y salí del agua y todos los compañeros me abrazaban y me daban ánimos, cuando llegué a la habitación me senté y la dije a Bea que me dejaría descansar unos instantes que estaba mal, es una sensación rara, estas hecho polvo pero aun así estas contento, no sé, nunca me había pasado la verdad.

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Último día

A la mañana siguiente nos levantamos pronto, queríamos el arapaima para cerrar la sesión al 100%. La propuse a Bea cambiar el puesto para intentarlo. Bea prefería quedarse en el mismo puesto haber si tenía la suerte de sacar un cola roja que ella no lo tenía.

A las 7:15 de la mañana nada más empezar, una de las cañas que teníamos en la orilla nuestra, se arrancó a mucha velocidad. Bea clavo enérgicamente pensando que era o el arapaima o el cola roja. El pez se metió rápidamente en la mitad del pantano poniendo a Bea en tensión. Jeff llegó y la dijo a Bea que tenía su premio allí. Era un cola roja por como tiraba. Esto la puso más en tensión y por fin Jeff se metió al agua. El pez estaba casi en la orilla cuando Jeff pudo meter el pez en la sacadera. Bea pegaba saltos de alegría. Jeff la dijo que se metería en el agua con él y Bea sin dudarlo lo hizo. Ya estaba preparada para ello. Cuando Bea metió las manos para sacar el pez estaba toda orgullosa del viaje, el pez no tenia tanto color como el mío pero era muy chulo.

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Después de este pez aun nos quedaba tiempo para una o dos picadas pero a las 2 del medio día nos teníamos que ir, a esa hora terminaba nuestro viaje. A las 11 tuve una picada que con la mala suerte me rompió todo en carrera sin poder saber que podía ser. Al poco tiempo sobre las 12 tuvimos otra nueva picada. Esta vez era un Mekong que tras casi una hora se desanzueló. Preferimos recoger y terminar el viaje. Estábamos cansados y ya el arapaima no iba a salir.

Nos fuimos a la habitación y nos dimos una ducha. A eso de la 1 salimos y fuimos puesto por puesto dando las gracias a todos los compañeros por todos esos momentos y molestias que nos habíamos ocasionado en los días de pesca. La verdad que todos eran muy simpáticos y nos dimos los números de teléfono y de facebook para estar en contacto. Cuando ya llegó las 2 fuimos a pagar las comidas y cenas que habíamos consumido en los días de pesca, pudiendo despedirme de todos los guías. Siempre te quedan las ganas de seguir pescando porque es el paraíso de la pesca sin duda, pero bueno siempre se puede mejorar, aunque no nos podemos quejar. Allí había pescadores que en tres días solo habían sacado uno o dos peces y nosotros habíamos tenido muchos más. Seguro que vamos a repetir pero tardaremos porque no creo que fueran formas de tratarnos. El pantano es perfecto la verdad, todo tranquilidad, pero creo que el trato a los peces podía mejorar y lo más importante es que podían mejorar y mucho en el trato
con los pescadores.

Agradecimientos

Tenemos que dar las gracias a todos los guías que nos trataron bien, Jeff, Cris y Joel, y aunque tiene que mejorar en su trato también a John, pero sobre todo dar las gracias a Stuart, que es el dueño, que gracias a él tuvimos un buen puesto para poder pescar. También a Carla y Joop que fueron nuestros traductores en este viaje y nos lo pasamos genial con ellos. También a Marcos de Worldpesk y como no a Rod Hutchinson y a toda las personas que nos han ayudado y animado en este viaje. También
quiero desear suerte a los otros compañeros que van a ir este año a pescar. Gracias a todos.


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